El número 262 de Culturas suplemento de La Vanguardia dedica página y media a John Zorn promotor e ideólogo de Masada, la propuesta de música “más desafiante, intensa y compleja del planeta”. El autor del artículo acumula adjetivos para realzar la obra inducida por Zorn, una obra que pone “en duda todos los clichés establecidos desde Gershwin a Ornette Coleman; de Alber Ayler a, si es necesario, Camarón de la Isla o Can“.
Ahí es nada, para hablar de un “icono de la posmodernidad” el panegirista de deja llevar por un entusiasmo —radicalmente nopostmoderno— que roza el ridículo y despierta mi inmediata desconfianza.
Para terminar, Jaime Casas, autor de esos desmesurados elogios, nos deja caer en una addenda algo confusa que Zorn es el creador de un concepto, el Radical Jewish Culture, que “desafía los estúpidos prejuicios que arrastra la cultura occidental sobre el judaísmo”.
No sé, yo creía que todos somos conscientes de la enorme influencia de lo judeocristiano en la germinación de la cultura occidental y de la existencia de grandes creadores de etnia judía en todos sus ámbitos desde el científico al filosófico pasando por el artístico.
Quizá como lo judeocristiano es cosa de gentiles, sus derivaciones no deben parecer lo bastante ortodoxas y excelsas a los mentores de Jaime Casas.
En fin, como contraste, hago referencia de las escasas líneas que se dedican en Diagonal —más vale eso que nada— al escritor, músico y filósofo Gilad Atzmon, quien debió exiliarse de Israel después de haber recibido numerosas amenazas y coacciones a causa de su actitud crítica frente al sionismo.
A lo mejor, algún día encuentran en Culturas un rinconcito para hablar de este y otros intelectuales judios y antisionistas como Norman G. Finkelstein, Yakov M. Rabkin o Ilan Pappe. ¿Nos lo creemos?
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